Los Marroquíes Votan el ‘Gobierno del Mundial de Fútbol’ en Medio de una Baja Participación
“Además del Mundial de Fútbol, el nuevo Gobierno tendrá que ocuparse de otras cosas, como el empleo y la educación”, sostenía este miércoles Fátima, profesora de 52 años, certificado de votante en mano, acompañada de su familia ante una de los siete meses electorales del liceo Hasán II de Rabat. A cuatro horas del cierre de los centros de votaciones (a las 19.00, las 21.00 en la España peninsular), había votado allí cerca del 17% de los inscritos en el censo, según comprobó EL PAÍS. Dos horas después, el Ministerio del Interior de Marruecos informó de una tasa de participación nacional del 28,5%. En legislativas celebradas hace cinco años, la mitad de los inscritos en el censo se abstuvieron.
Con un censo de inscripción voluntaria, solo estaban llamados a ejercer el sufragio 17,5 millones de ciudadanos registrados de entre los 38 millones de habitantes del país magrebí, a pesar de que existen 28 millones de votantes potenciales. En los comicios celebrados hace cinco años se inscribieron 1,7 millones de electores más. Los marroquíes se encaminan a dar la espalda a las urnas a los dos meses de la avalancha de más de 70.000 personas, en su mayoría jóvenes, en la frontera de Ceuta, y un año después del estallido social de las protestas de la Generación Z (nacidos entre 1995 y 2012). El peso de los electores de entre 18 y 24 años del censo ha caído ahora a solo el 4% de los inscritos.
La anodina campaña electoral no ha movilizado a los marroquíes hacia las urnas. En el exterior de los colegios electorales visitados en Rabat no se observaban colas a primera hora de la tarde. Tampoco en el Liceo Hasán II, donde los funcionarios que tradicionalmente constituyen las mesas electorales entretenían la espera con sus teléfonos móviles bajo la mirada de los interventores de los partidos. “A las 15.00 ha votado una cuarta parte de los inscritos”, explicaba sin mayor detalle el presidente de la mesa número 30 del distrito electoral de Hasán de la capital, quien confiaba en contar con más votos en la urna al cierre de la jornada electoral, sentado ante un taco de papeletas únicas en las que los votantes deben marcar una sola lista electoral.
La Alianza de Izquierda (coalición izquierdista que solo obtuvo un escaño hace cinco años) denunció la presencia de bolsas con papeletas fuera de las mesas en un colegio electoral de Tánger, donde también se impidió el acceso a los observadores de los partidos. Esta organización responsabilizó a las autoridades regionales por no haber prevenido el fraude en las urnas y decretó el boicot a los comicios en esa circunscripción, en un comunicado en el que exigía la anulación de las votaciones y la repetición de los comicios. La policía detuvo horas más tarde a un sospechoso de la manipulación de los comicios.
Jornada Electoral De Perfil Bajo
Los marroquíes proseguían con sus actividades en una jornada electoral laboral y de perfil bajo. Con los resultados publicados, que se anunciarán previsiblemente este jueves, el rey Mohamed VI designará primer ministro entre los miembros del partido que resulte más votado y le encargará formar un Ejecutivo de coalición si, como es de esperar, ninguna fuerza política alcanza la mayoría en el Parlamento. El monarca se reservará la designación directa de los ministros de Asuntos Exteriores, Interior, Defensa y Asuntos Islámicos y dará su visto bueno definitivo al conjunto del Gabinete. La gestión de un programa de inversiones de 20.000 millones de euros en instalaciones deportivas e infraestructuras será el objetivo central del Gobierno del Mundial de Fútbol de 2030, que Marruecos coorganiza con España y Portugal.
La crisis de Ceuta no ha aflorado en los discursos finales de una campaña marcada por las promesas económicas. La elevación del salario mínimo hasta los 5.000 dirhams (460 euros) mensuales desde los 3.400 actuales (315 euros) y la creación de un millón de puestos de trabajo netos antes de 2030, para reducir la tasa de desempleo a menos de dos dígitos (13% actual; 37% para los más jóvenes) son ofertas compartidas en los programas de los principales partidos. También se añade el incremento de la pensión mínima hasta los 3.000 dirhams o la gratuidad de la electricidad (bono social) para las familias más desfavorecidas.
A pesar de la subasta de promesas electorales, los marroquíes han seguido mostrando un creciente desapego hacia la clase política que se ha vuelto a manifestar en una previsible baja afluencia a las urnas. El Banco Mundial estima que el país magrebí registra un déficit de 370.000 empleos cada año, y que, a pesar de que “Marruecos ha entrado en un periodo de fuerte crecimiento, los indicadores muestran que no se está traduciendo en la creación de empleo”. El 35% de los marroquíes se ha planteado dejar el país para encontrar trabajo, según un estudio de 2024 del Barómetro Árabe, un porcentaje que asciende al 55% entre los menores de 30 años.